Gotas
El cielo y la tierra pasarán
Pero mis palabras
No pasarán (Mc 13, 31)
Lee la
Palabra:
Con
atención y respeto religioso.
Hoy,
¿quién se fía de las palabras? ¿Y por qué?...
Las
palabras de Jesús tienen garantía de permanencia,
Y por
eso mismo de autenticidad, de verdad.
Lo
afirma Él, -Palabra Eterna de Dios-, de sus mismas palabras.
E
incluso aseveró: Mis palabras son espíritu y vida.
Y el
discípulo Pedro empezó a entenderlo así:
¿Dónde vamos a ir?,
tú tienes palabras de vida eterna.
Medita
la Palabra:
Rumia
sosegadamente el pasaje.
¿Qué
me dice Dios a mí, hoy, con este texto?
Cuando
toda palabra se percibe vacía...,
o engañosa o
mentirosa, o disfrazada...
Hay
una palabra, sólo una, llena, plena: la de Jesús.
¿Por
qué no me fío de ella?
¿Por qué no la hago
mía? ¿Por qué no la vivo? ¡Me da miedo!
Ora la
Palabra:
Habla
con Dios desde este mismo texto.
-Tus
palabras, Señor, me resultan lejanas, de otro tiempo.
Y
quiero ser de hoy.
Perdona,
Señor; me estoy defendiendo de ti
al defenderme de tus Palabras.
Si tú
eres el mismo ayer, hoy y siempre,
tus palabras son de hoy para mí... Y me
dicen que si las vivo
no pasaré nunca: ellas me guían y
aseguran mi permanencia,
mi fortaleza, mi capacidad de entrega
y de amor,
pues todas tus palabras tienen tus
mismas características.
Contempla
la Palabra:
Es ir
más allá de la reflexión y de la súplica.
Descansa
en Dios: déjale que te llene a través de esta Palabra.
Y tú,
entrégale tu querer estar ahí con Él, aprendiendo a,
en todo, amar y servir. Esa es
su voluntad.
¿Verdad
que, desde ahora, quiere ser también la tuya?
Será tu
felicidad.
¡Ojalá escucharais hoy su voz! (Salmo
95/94, 7).
P.
Gregorio